domingo, 4 de octubre de 2009

La vida de Marcos.

Aún no puedo creermelo. ¿Cómo lo he hecho? o es más... ¿Por qué? Como tantas veces hace algunos meses he vuelto a buscarlo, pero esta vez en un lugar diferente. Buscando lo que antaño buscaba. Lo que me faltaba. El sentirse deseado. Sexo. Nada más. Esta vez no ha sido diferente, bueno...¿para que engañarme? sí lo ha sido. Por primera vez la proposición ha sido aún más indecente.

Asustado como estaba decidí seguirlo. En mi cabeza no paraba de resonar: "¿Por qué lo haces? No lo necesitas. Sal corriendo, corre!" Pero era inútil, cuanto más miedo tenía más rápido avanzaba. Y una vez más, la conciéncia acababa padeciendo de afonía. Silencio. Sólo calor.
Sigo sin comprender el por qué. Los 30 euros más sucios de toda mi vida. Repito. Mi corta vida. A mi adolescencia había recibido 30 euros por una maldita felación y cuatro besos. "Bravo, eres un puto chapero".

Con la faena acabada no pude más que huir. Acelerar todo lo posible. Notaba el cansancio en mis piernas pero no podía disminuir la marcha. Tenía que dejar aquello allí atrás. "Yo no era así. No soy así. Me niego a serlo. Debo estar volviéndome loco." Por más que corría aquel sucio dinero seguía estando en mi bolsillo.

No puedo más que mirar a la gente que pasea tranquila por la calle. Deambulan tranquilos. Sin saber que aquello que pasa por su lado acaba de prostituirse. Me miran. Noto como si sus ojos se clavaran más allá de los míos, en el alma, juzgándome y sobretodo intentando encontrar en ellos algo de culpa. Eso que no existía. Aún no sé si me arrepiento. No he tenido de tiempo de pararme a pensarlo.

Me paro en un semáforo en rojo. No quiero morir atropellado. "Mierda, llevo la cremallera abierta". Supongo que inconscientemente la he dejado así. Para ventilar mis culpas, y con un poco de suerte, perder aquella zona que tantos disgustos me traía. La maldita zona del deseo.
Por fin a salvo, esperando el autobús. Cuánto tráfico, claro..es Viernes. Estoy cansado, muy cansado. Me agacho respaldado en un árbol. Desde allí abajo todo se magnifica. Y es entonces cuando entre las luces de los coches y la música del mp4 aparece él. Como antaño. Que lejos ha quedado "lo nuestro". Cuantos recuerdos, cuantas veces había pensado en él en este mismo lugar, y ahora...prácticamente no existe. ¿Dónde han quedado todos aquellos sentimientos? ¿Y las sensaciones? Supongo que los ahogué en un intento de ser fuerte.

Involuntariamente miro al cielo. Una estrella. Sólo una en el infinito cielo de esta ciudad. No puedo más que hacerla mía. Pues nos parecemos. Los dos estamos solos en medio de un titánico lugar, plagado de elementos gemelos que hoy no quieren salir. Entonces, algo así como un destello aparece en mi mejilla. Todo se inunda. ¿Será por fin la culpa?
Llega el autobús. Se ha acabado. No lo volveré a hacer, lo prometo. ¿A quién? A mi.

Sólo necesito esa casualidad, la de mi vida. La más grande. Y entonces ilusionarme con la tontería más grande del mundo.

Solamente puedo decir: Ojalá!


Marcos.