Dormir con la ventana abierta, amanecer con los pies bañados en sol y escuchar algún pajaro piar. Caprichos matutinos. Desayunar solo, escuchándo la televisión, oir histórias sin interés alguno en las cuales sin saber como, te acabas metiendo. Salir corriendo y cojer un autobús. Huele a rutina, una rutina que sin darte cuenta te ha acabado gustando. Rutina, placer. Dos motes totalmente antónimos que han acabado conviviendo en una homonimia sorpredente. Escuchar las historias de la gente, esas personas que ves día tras día, no las conoces, pero sin un por qué, ya formas parte de sus vidas. Y ellos, de la tuya.
La ciudad. Me encantaba verla desde lo alto, sentirme insignificante sobre la inmensidad de todo aquello. Pasear sus calles. Mirar al cielo. Estamos acostumbrados a no subir la vista más allá de nuestras cabezas, cuántas cosas nos perdemos... adoro caminar mirando al cielo, a lo alto. Siempre aspirando a más. Aún atrapado aqui. En este impulso extraño llamado fuerza de la gravedad.
Mirar en foto, esa forma distinta de observar. El verano, y las luces de Navidad. Cantar por la calle, y sonreír donde sea y de lo que sea. Reir, siempre me ha gustado. Imitar, una de mis facetas, me pasaria la vida haciendo el payaso. No hay mayor gratificación que ver como alguien es feliz gracias a ti. Tantas cosas, tantos yo.
Esto no es más que el 0.01% de todo lo que soy. Una pequeña parte de mi. De ese 50% que he conocido. Quien diga que se conoce plenamente, MIENTE. Ni tú, ni yo. NADIE.
Me gusta la vida. Y un sin fin de etcétera.
domingo, 6 de septiembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario